La única vez que el rock coqueteó con el deber ser, sacó una canción para el olvido. Sacrificio y rock & roll son un combo imposible. Lo constatás haciendo un rápido repaso por las voces femeninas del rock nacional: Fabiana Cantilo, Celeste Carballo, Sandra Mihanovich, Claudia Puyó, María Rosa Yorio. En fin... Yo voy rumbo a los 50, donde todas ellas ya están. Y el camino que tomaron para llegar como llegaron, me alarma. Luz amarilla y a correr para otro lado.
En estas cuestiones más vale desconfiar de los que pregonan a favor del laisser faire laisser passer. Mucho rock & roll, pero a la hora de elegir compañía femenina los muchachos, en general, no se equivocan. Fijate a qué apuestan y comprobalo. Basta con chusmear la edad, la estatura, el peso y las medidas de las elegidas (al momento de ser elegidas) por Andrés, Fito, Charly, Chano, incluso Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati, que en paz descansen.
Un párrafo aparte para Micaela Breque. Una genia que puso los puntos: lo mandó al viejito vicioso y panzón a lipoaspirar la evidencia de sus excesos y a mantenerse en el gym. El pobre hace lo que puede y logró lucir un poco mejor. Bravo por ellos. No es que esté a favor de las intervenciones invasivas, válgame Dios. Pero me copa que la piba se haya plantado y no se morfe el eterno "haz lo que yo digo y no lo que yo hago" de los popes del rock.
En mi caso, eso de aceptar que mi cuerpo se ponga como se ponga, de comer lo que se me antoje y de entrenar solo si me vienen ganas, me quita energía, me deprime y me agota. Soy potencialista y ¡no acepto la imposición del flow!
Como dice Angie Greene, cuando la cosa se pone difícil, "motivation is nothing". Lo que hace falta es ¡disciplina! Greene es una una entrenadora física que atravesó con honores la barrera de los 40 y comparte en su página de Facebook el proceso de entrenamiento para su primera carrera triatlón Ironman. Cuando nieva y hace 10 grados bajo cero en Nueva York, no hay motivación que te saque de la cama a las 8 de la mañana. Se sale a entrenar porque hay que cumplir el calendario de entrenamiento. Se entrena con ganas o se entrena sin ganas. Y eso es disciplina.
No hay vuelta. Disciplina es el secreto. Dicen que "billetera mata galán", yo digo que la disciplina vence a la genética. Podés tener las piernas más largas o más cortas, las caderas más o menos anchas, la cintura más o menos pronunciada, las lolas austeras o generosas, no importa qué te hayan regalado tus genes, a lo largo de los años tu cuerpo será bello o no según lo que hayas hecho con él. Será bello si es ágil, flexible, tonificado y sin demasiados excedentes de líquidos y grasas. Y esto no se consigue fácilmente. Mucho menos con el paso de los años.
Camino a los 50 años todo se transforma en una razón obvia para estar hinchada. Si estuviste mucho tiempo parada, se te hinchan las piernas. Si comiste rápido se te hincha la panza. Si pasás muchas horas sin comer también se te hincha la panza. Si estás menstruando te hinchás toda parejita. Si estás por menstruar también te hinchas los 10 días antes de menstruar. Si hace calor te hinchás. Después de los 45, vivís hinchada. El colmo mío fue cuando corrí la maratón. Corrí 42 km y ¡¡¡me hinché!!!! Porque corrí mucho.
Así estamos y por eso digo que no es fácil. Con los años, a menos que te enfoques en entrenar tus músculos, tenés cada vez menos músculos y más grasas. La cosa parece que ser así: si hacés dieta, perdés peso y a menos que entrenes duro, perdés músculo. Cuando dejás la dieta, ganas los kilos que perdiste, pero, a menos que entrenes duro, ganás kilos de grasa, no de músculo. La grasa no consume calorías, el músculo sí. Pero como tenés cada vez más grasa y menos músculo, quemás menos calorías y engordás más rápido. Camino a los 50, después de atravesar reiteradamente estos ciclos que algunos llaman yo-yo, sos una experta en dietas, con mucha grasa y poco músculo. Para colmo después de los 40 todo va para peor porque, encima, el metabolismo se hace más lento y consume menos calorías, a menos que entrenes duro y te dediques a activarlo.
No hay otro modo de desarrollar músculo que entrenando. Y para eso se necesita disciplina. Con disciplina a lo largo de los años dejás atrás a cualquier agraciada dormida en los laureles.
Hace un par de años lo constaté personalmente con Mariana Arias. Cuando yo tenía 20 años, Mariana Arias tenía 24 y era una diosa increíble. Súper delgada y piernas eternas. Veinticinco años más tarde coincidimos en la confitería del Club de Amigos. Yo estaba saliendo de mi limpieza anual. Cuando hacés el Clean Program, un desayuno de café con leche y tostadas es un banquete romano. Bueno, Mariana Arias estaba deleitándose con su banquete mientras yo me preparaba para salir a hacer mi rutina de domingos. Todavía tiene un buen lejos, así que desde mi mesa, privada del banquete y con la obligación por delante, la envidié un poquito. Pero la envidia duró poco.
Mientras yo corría dando vueltas al club, me la crucé a ella caminando. Pude verla desde atrás y a medida que me acercaba a ella y a su trasero, la envidia pronto se transformó en compasión y cuando la pasé casi rozando sus brazos, ya era todo motivación y certeza. Sirvió para continuar dando vueltas convencida de que la disciplina vence a la genética. En este caso era un hecho.

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